Fede Guevara Olguín: “Lo local tiene un techo que nos viene quedando muy cerca” 

Fede Guevara Olguín es músico, docente y divulgador que actualmente preside la fundación OBVIA, coordina el clúster CASYM e integra el CFI (Consejo Federal de Inversiones) representando a la actividad musical de Córdoba. Recientemente fue incorporado como miembro asociado de la Academia Latina de la Grabación, encargada de los Grammy Latinos. 

Entrevista: Santiago Mansilla

Más allá de lo formal en lo que implica ser miembro asociado de la Academia Latina de Grabación ¿Que puede significar esto para la música argentina en general y cordobesa en particular? 

Más allá de cuestiones éticas o estéticas y de la percepción que pueda generar la Academia Latina de la Grabación, se reconoce que esa organización aglomera a todos los profesionales de la música desde un abordaje industrial. Reúne a técnicos, ingenieros, productores musicales, músicos, que se desempeñan en la actividad en Latinoamérica y parte de Europa, siempre en miras de la elaboración de servicios y productos industriales que se insertan en el mainstream.

La presencia de profesionales argentinos -y de profesionales cordobeses- sirve para generar impulso, para intentar modificar la forma en la que nosotros, localmente, hacemos abordaje de la música. La forma que propone el Clúster no es mejor ni peor, sino diferente. Desde Córdoba el abordaje es siempre localista, en clave de cultura, de cultura local, un abordaje de la vida cultural, la música como una de las prácticas culturales de las ciudades. En este caso, la presencia en la Academia Latina de la Grabación supone otro abordaje. Pensar que podemos ordenar y organizar el ecosistema musical cordobés con miras a un desarrollo que le permita pre-industrializarse para insertarse en otras escalas. Por lo tanto, abrirse a otros mercados, otras fuentes de trabajo, expandir la productividad local, los aparatos productivos locales y para eso hay que, de alguna manera, insertarse en ese mundo.

En ese sentido el objetivo de formar parte de estas entidades es abrir puertas a que los técnicos, ingenieros, estudios de grabación, productores musicales, productores artísticos, sellos discográficos, artistas, catálogo de obras, fonogramas y videogramas, puedan ir escalando en su calidad de producción y, por lo tanto, ir insertándose en mercados que propicien mejores condiciones de competitividad y mejores condiciones de sostenibilidad de los proyectos.

Teniendo en cuenta también que lo local tiene un techo, lo provincial tiene otro y lo nacional otro; tres capas que nos viene quedando cada vez más cerquita porque el suelo está superpoblado, hay que explorar las posibilidades de expansión e internacionalización para poder generar un desarrollo del aparato productivo musical y para eso hay que ir insertándose en estas herramientas. Yo creo que el aporte de los cordobeses que formamos parte de la Academia Latina de la Grabación, que no somos muchos, es una forma de contagiar positivamente a todo el aparato productivo para que desarrollemos una creencia en nuestras potencias, en la potencialidad de nuestro trabajo, en la capacidad creativa, artística y productiva de Córdoba para que nos animemos a exponernos a niveles mucho más altos. 

Eso implica predisponer al trabajo de otra manera, aspirar a la excelencia, cumplir estándares de calidad. En la medida que se avance en esa línea, en la conciencia y en la autoestima de todos los trabajadores de la actividad, nos va a permitir superar  barreras y aspirar a intentar alcanzar otros niveles de profesionalismo, de inserción de los productos, obras, catálogos, fonogramas y videogramas que producimos en Córdoba.

El año pasado desde CASYM se hizo una presentación conjunta para que distintos proyectos participen de los Latin Grammy ¿Que le falta a la producción provincial para que podamos ver nominados a las producciones locales? 

El año pasado hicimos una experiencia de postular -desde el Cluster- producciones cordobesas a los Latin Grammy. Esa fue una experiencia de doble vía: en primer orden, darnos una demostración nosotros mismos que podemos postular música, productos elaborados en Córdoba sin mediación de terceros. Por lo general un sello, una editorial, una productora, o un manager instalado en Buenos Aires. La idea de pensar que podemos hacerlo nosotros con nuestras propias empresas, nuestra propia estructura organizada permite ir recuperando un poco de soberanía para emanciparse de esa dependencia unitaria. En segundo lugar, hacerlo nosotros con nuestros propios medios nos permitió revisitar las producciones, revisitar los repertorios, revisitar las propuestas artísticas, poner esos trabajos en valor. Postular a los Grammy es una forma de asignarle valor a lo que se compone, lo que se graba, lo que se mezcla, lo que se masteriza, lo que se produce desde Córdoba.

Para tener música nominada, tenemos que ordenar el aparato productivo, crear empresas, preindustrializarlo. Escalarlo y diferenciarlo. Más allá de que todos sabemos que ganar un Grammy directamente desde Córdoba es complejo, son acciones que permiten incentivar el desarrollo de la estructura productiva, nos permite que el aparato productivo se ordene. Se ordenan los artistas en sellos, los sellos se ordenan con una editorial cordobesa, con una distribuidora local, la producción se ordena con los centros de producción y los productores musicales, se establecen planes estratégicos conjuntos, la producción y la comercialización fonográfica tiene una agenda sectorial anual.

Tener una agenda productiva anual hace que se ordenen los tiempos de producción, los lanzamientos, los medios de comunicación, los conciertos, y así se aprovechan mejor los recursos. Es intentar imitar la lógica de otras industrias como la industria agropecuaria que construye su agenda en función de los climas, en función de las épocas del año, de las épocas de siembra, cosecha, acopio, venta, regeneración, en fin.  Construir una agenda a partir de mojones como los Grammy o los Premios Gardel, los mercados internacionales y la época de festivales locales nos ordena productivamente.

Alcanzar una nominación será el resultado directo de un aparato productivo ordenado y organizado. Tengamos en cuenta también que hay una multiplicidad de lanzamientos en la provincia. ¡Un caos fonográfico! 

Con base en las estadísticas que manejamos desde CASYM hablamos de unos 2.000 fonogramas por mes publicados en la provincia de Córdoba, algo así como 1 millón y medio de dólares promedio. Esa inversión no retorna. Ese dinero tiene que retornar a la economía musical de la provincia, y para eso es indispensable generar instancias de diferenciación. La diferenciación no es moral o estética, es productiva, es la estrategia mediante la cual las empresas logran que sus productos o servicios sean percibidos como únicos y superiores frente a los de la competencia.

¿Cómo logramos eso con la música cordobesa sin aparato productivo? La diferenciación va a hacer que se ordene la oferta, que se ordene la demanda y que podamos tener cuatro o cinco escalones diferentes para que los proyectos musicales puedan tener peldaños de desarrollo sostenible. Para eso hay que plantear objetivos complejos, sino los proyectos deambularán en la localidad: música que solo se aborda con la necesidad de grabar una composición, subirla a las plataformas digitales, hacer un anuncio en Instagram, presentarlo en Güemes y apagar la luz. En términos de productividad eso no le sirve al desarrollo del ecosistema musical.

Por otro lado, la nominación depende de muchos factores. Uno de esos factores es que sean votados. Y votan los miembros de la academia. Entonces Córdoba necesita tener cada vez más miembros, y para ello, tenemos que formalizar e industrializar nuestra actividad. Con ese avance, con la incorporación de cada vez más miembros, nosotros tendremos otra correlación de fuerza. Si tenemos 10, 15, 20, 50, 80 profesionales en la academia, tenemos un volumen de votación y ahí uno disputa la posibilidad de una nominación. Es política.

Estamos dando los primeros pasos. El Grammy es un paso grande. Y estamos en camino de una etapa de pre-industrialización de una actividad desorganizada, informal, y vulnerada. Me parece que ese abordaje asociativo entre artistas y empresas, aliado entre clúster y el Estado, y corporativo frente a la industria de la música es el nuevo desafío de la época. 

En 2018 publicaste un texto titulado «Contra todo el spamming de este mundo». Ahí afirmas que es redundante hablar de «música independiente» ¿a que te referías con esto?  

La categoría de “música independiente” fue muy bien utilizada para marcar un diferencial frente a lo mainstream. Los artistas que tienen contrato con sellos multinacionales y que genera un punto de partida desigual frente al artista que solo tiene sus propios recursos y que produce en la medida que tenga ingresos económicos, los cuales, muchas veces están sujetos a un trabajo y ese trabajo no necesariamente está vinculado con la música. En ese marco, lo independiente siempre fue aquello que se hace con los propios medios, con las propias herramientas, con el propio financiamiento.

La música que es producida directamente por el mainstream como producto de consumo masivo para el pueblo es lo que siempre se denomina como mainstream. Frente a lo mainstream como dominio, me parece redundante añadir a la música la idea de independiente. No sé, quizás un nuevo sistema de valor nos haga pensar en el binario mainstream-música. A mí me parece que pensar -me parecía en aquel momento y me parece ahora- que a la música tenemos que agregarle la categoría óntica de “independiente” me suena a que estamos diciendo dos veces lo mismo. La música es en sí misma una soberanía creativa, una libertad artística y una independencia productiva. Después se convierte en una cosa masiva que se come.

Sigo creyendo que la música no es independiente por categoría, sino que la música es independiente desde una perspectiva más óntica. Es, con la E mayúscula, nace independiente, entonces no hace falta nominarlo. Es la música mainstream –hecha con toda una aparatología y presupuestos inmensos- frente a la música-otra, la que hace el pueblo, la que hacen los artistas y la que se produce en economías locales. Toda esa música que hacemos nosotros, los laburantes de diferentes ciudades, provincias en la Argentina. Pero, con un modelo en el que cada músico tiene que hacer todo, saber todo, gestionar y financiar todo no vamos a desarrollar una economía local que genere trabajo y retornos. La provincia tiene la condiciones de posibilidad para desarrollar un polo productivo musical. Una estructura corporativa, organizada en profesionales y empresas que salen a competir al mercado por mejores condiciones frente al mainstream.

Vuelvo a decirlo, en este esquema cordobesa que busca el desarrollo de una economía musical local, el concepto de independiente no encaja, no encaja hoy y, posiblemente, viene desencajándose hace rato. Pensemos, la inversión de una multinacional para la producción de un disco mainstream es equivalente a toda la “producción cordobesa independiente autogestionada” de 10 años. Bad Bunny. reciente ganador del Grammy, recibe de la compañía discográfica 30 millones de dólares en concepto de adelantos.  Mientras tanto, la moral de los independientes nos impide pensar en la creación de empresas para construir un aparato productivo independiente, local, sostenible, orgánico. Creo que estamos usando mal el lenguaje.

Nosotros tenemos que disputar el retorno de esas inversiones a través de estructuras que son corporativas, que son empresas. Porque en el mundo de la música, hay una escala a la cual la música independiente no llega a disputar. No hablo de disputa de sentido, hablo de la disputa de los ingresos, del retorno económico. El dinero que le corresponde a la música cordobesa por los productos que labora e inserta en el mercado.

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