La Twity Vergara: una rocola que pasa todo por el filtro tropical
EL 17 de Septiembre La Twity Vergara publicó su álbum “Salsa Criolla”, un recopilatorio de nueve clásicos latinos pasados por el filtro de la salsa. Ema Oliva, cantante de la banda nos cuenta su historia, sus procesos y los desafíos del presente para sostener una banda tropical.

Texto: Santiago Mansilla
La historia empieza hace 11 años, cuando La Twity todavía era un espacio de exploración. La banda formada por por Ema Oliva, Jony Tango, Checho Flores y Benja Benavidez es, desde el inicio “un lugar de exploración, un laboratorio”, explica Ema. La banda nació como un punto de encuentro entre músicos que venían de la cumbia y querían meterse cada vez más en el latin jazz, el son, la salsa, etc. “Venía del palo de la cumbia, con Sabor Canela. Y con Jony dijimos: vamos a meternos más con lo Cubano”.
La Tiwty Vergara es un espacio de juego
El juego implica improvisar, y en base a eso cerrar obras y armar shows. En la Impro es clave estar atentos, tranquilos y ya condicionados por nuestros propios códigos, a lo largo de nuestra carrera permitimos que sucedan muchas cosas e incluso que el público forme parte de lo que sucede en el escenario. “Todo puede pasar. Por ejemplo: que suba alguien que no cante bien, pero no va a estar mal. Es lo que es y tomarlo con calma, saber acompañar y si es necesario poner límites, también, pero en definitiva todo puede ser un condimento para la obra”.
Ahí aparece una de las claves de La Twity Vergara: la música no como algo completamente cerrado, sino como un territorio en el que todavía pueden ocurrir cosas inesperadas.
El desafío de una banda dedicada a las reversiones es la idea de una parte del público que ve como una “falta de respeto” a la obra original. Entre músicos, cuando buscan reversionar, también existe el desafío: ¿Cómo hacer algo que resulte original con la canción sin que pierda su impronta? La respuesta de Ema es contundente: “Todo se puede salsear”. Aunque reconoció que hay canciones que funcionan bien y otras que no, se prueba y luego deciden si la mantienen en el repertorio. Por ejemplo: “varias veces intentamos hacer Baile inolvidable de Bad Bunny y no nos termina de convencer, por eso la soltamos, a otro tema.»
El proceso de selección para las canciones de la Twity se basa en una regla: que sean conocidas. El clásico “una que nos sepamos todos”. Las nueve canciones son parte del cancionero popular latino. Me acuerdo de “Amores como el Nuestro” de Los Charros (canción que cierra el álbum), donde sea que fueras esa canción estaba. Estaba en las fiestas, en la radio, en casa. Es imposible no conocerla”, explica.
En ese mecanismo pueden convivir canciones populares, música de los sesenta, los setenta, los ochenta, los noventa, folclore, rock y repertorio tropical.
El repertorio de “Salsa Criolla” nace de la dinámica “de juego” que tiene la banda. “Se pensó para el vivo -agrega Ema- no vamos a esperar a tener cinco temas o diez temas propios para grabar. Es fundamental grabar siempre. Registrar cómo está la banda sonando en este momento” y teniendo canciones que nos convenzan, nosotros somos 4 y grabamos juntos en el estudio, en simultáneo.
“Un tractorcito en movimiento”
Ema define a La Twity como “un tractorcito que va”. La banda se mueve por escenarios, ciudades y provincias con una estructura más liviana, buscando sostener una dinámica de trabajo continua y adaptable a diversos contextos .
Funciona como proyecto paralelo a Sabor Canela, quienes en años anteriores publicaron su tercer disco “After en Hong Kong” y tuvieron múltiples giras por el país con la celebración de sus 10 años. Una diferencia notable entre ambas bandas es la cantidad de integrantes:
“No es fácil mover a un equipo de doce, trece personas. Con La Twity Vergara somos cuatro y para esta época, en que la mano está heavy, nos conviene salir a batallar con La Twity”, cuenta Ema.
Esa realidad también condiciona las decisiones artísticas y de movimiento. La diferencia entre una formación de cuatro integrantes y un proyecto que puede involucrar a una decena de personas implica otra estructura. Son otros costos y, sobre todo, otros riesgos a la hora de salir a tocar: “Ahora en esta instancia estamos tratando (con Sabor Canela) de visitar provincias puntuales como Buenos Aires, Rio Negro, Neuquen, Entre Rios, Chubut y también un ultimo show en Córdoba a fin de este año”, explica.
La historia, el recorrido y presente de ambas recuerda al de Sumo con la Hurlingham Reggae Band. Una banda paralela que sirve a los integrantes para experimentar con otros géneros que, si bien se acercan a los de la otra banda, no son el centro en su sonido. También funciona como un método para no sobreexponer al proyecto con el público sin que sus músicos pierdan el rodaje en el escenario.
