Ser Juana Molina

A dos días del recital de Juana Molina en el Quality Lab: Las claves de un show hipnótico. 

El sábado primero de Agosto Juana Molina presentó su nuevo álbum “Doga” en el Quality Lab -una nueva venue dentro del predio del mítico Quality Espacio. Con un sistema de sonido impresionante y una sala prácticamente llena, Juana se presentó con un set completamente minimalista para abrirnos las puertas al complejo mundo sonoro de “Doga”: un sintetizador, una guitarra, su voz, y la batería de Diego Arcaute.

Texto: Candelaria Gómez

Ph: Setton González

El recital comenzó con el primer track del álbum, “Uno es Árbol”, y la atmósfera se transformó inmediatamente. Las primeras notas del sintetizador se apoderaron de todos nosotros. Para cuando comenzó el beat, estábamos en un estado de trance. De repente, unos mil cuerpos se balanceaban lentamente a la voz de Juana: “uno es árbol… uno no es árbol dormido”

La importancia de llamarse Juana

La experiencia de este show y de su previa presentación en Córdoba en el 2024 (la primera a la que fui, y donde interpretó su álbum “Halo” “de pe a pa”), me hicieron pensar en el valor cultural de su propuesta. Y es que, con una vida atravesada por el arte en diferentes formas, Juana capturó su propia esencia en su música, extraordinaria como ella lo es. 

Luego de consolidar una carrera como actriz durante la década de los 90s (primero con papeles secundarios junto a grandes como Antonio Gasalla, después con su propio programa “Juana y sus Hermanas”), se dedicó por completo a la carrera musical con la que había soñado por mucho tiempo. Tras el no tan exitoso lanzamiento de “Rara”, su primer álbum (producido por nada menos que Gustavo Santaolalla), se trasladó a Los Ángeles, donde su recepción fue mucho más positiva, y donde se adentró en el mundo de los sintetizadores y las nuevas posibilidades tímbricas que ofrecían. Durante su tiempo en la ciudad californiana comenzó a trabajar y dar forma a su segundo álbum “Segundo”, para finalmente ser mezclado en la Argentina por Daniel Melero. 

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“Rara” no fue bien recibido en Argentina, pero sí en el resto del mundo. Para el lanzamiento de su segundo álbum, Juana se había hecho un lugar entre los artistas experimentales de la escena internacional, e incluso el frontman de los Talking Heads, David Byrne, escuchó su trabajo y la invitó a abrir los shows de su gira por Estados Unidos. 

De actriz prolífica a música experimental, Juana Molina formó una carrera extensa y muy particular. Transcurriendo entre los caminos de la folktrónica, el ambient y una música difícil de enmarcar en los límites de un género específico (en sus palabras, “yo me identifico conmigo”) , logró encontrar un sonido distintivo, innovador y muy propio, algo que -como estudiante de composición- encuentro admirable y fascinante en partes iguales: un sonido caracterizado por el uso de loops, la construcción de entramados rítmicos, armónicos y tímbricos complejos, y el papel central de la voz. Así, con todas las bifurcaciones posibles de su camino artístico, se estableció como una referente en nuestro país y en el mundo de la música experimental. Que no es poca cosa. 

(y de paso me pregunto, ¿será Juana algo así como nuestro Radiohead?)

Doga, en vivo

El sábado vimos a Juana tocar la guitarra y el sintetizador, cantar e interactuar con el público. En otras palabras, vimos un show auténtico y una performance minimalista en recursos y dispositivos que le hizo honor a la obra grabada. Detrás de ella y  hacia los costados del escenario, diferentes fondos de colores acompañaban cada canción; y con esta combinación de sonido y visuales que conforman el corpus distintivo de sus shows, las luces terminaban de crear la experiencia sensorial perfecta.

Entre juegos de palabras, sonidos etéreos, y hasta algunos errores de lo más naturales (letras olvidadas, entrar mal, largar un loop en un tempo demasiado rápido), el show se desenvolvió como un viaje hipnótico. Cada cosa que la música proponía encontraba su resonancia en el público: ahora cerrar los ojos, ahora saltar, ahora dejarse ir. Casi parecía que durante la aproximadamente hora y media de show, Juana tenía al público a su merced. Y como público, sabemos que no hay mejor que dejarse ir en los mundos sonoros que ella crea.