Sol, pogo y tormenta: el ritual infinito del Cosquín Rock 2026
Texto: Luana Illuminati
Fotografías: Matías Egea
Casi tan cambiante como el clima que acompañó el fin de semana, la edición N° 26 del Cosquín Rock estuvo marcada por una diversidad de géneros que, una vez más, reafirmó todo lo que puede convivir dentro de un mismo predio.
Del sol abrasador al pogo masivo en los escenarios Sur, Norte y Montaña
El sábado no solo dio inicio al feriado sino también al festival más grande del país. El sol parecía engañoso, pero con el correr de las horas el calor se volvió protagonista. Con siete escenarios distribuidos a lo largo y ancho del predio, el día 1 comenzó con Eruca Sativa en el Norte, quienes sorprendieron junto a Abel Pintos en el clásico “Amor Ausente”, recibiendo así por primera vez a Pintos en el CR. Más tarde, en el Sorpresa, volvió a aparecer para acompañar a Ale Kurz con una novedosa versión de “Ji ji ji”.
La fiesta siguió con bailes y cánticos junto a La Bersuit en el Montaña: imágenes del fútbol argentino, de Diego Maradona y referencias a su álbum Hijos del Culo (2000) acompañaron una lista emotiva que cerró al grito de “tienen el poder y lo van a perder”. Luego, en el mismo espacio, Marilina Bertoldi desplegó su show con un outfit Miss Cosquín, parodiando la estética de los certámenes de belleza. Hizo saltar al público con temas de su último álbum (Para Quién Trabajas vol. i) y clásicos como “La Casa de A” y “¿O No?”. El cierre incluyó su propia coronación, cuando su estilista y director creativo, Segundo Etchebehere, le colocó la corona, no sin antes hacer referencia a las nuevas jornadas laborales debatidas en Senadores la semana anterior.
Turf, Cruzando el Charco, El Kuelgue —que contó con la presencia de Litto Nebbia en reversiones de “Solo se trata de vivir” y “Peluquita”—, Hermanos Gutiérrez e Indios atravesaron la tarde en una jornada de sol y calor intenso. Como es costumbre, el público corrió de un lado a otro para no perderse nada: la mezcla de artistas, géneros y sorpresas fue enorme.
En el Sur, Dillom, consciente de que casi al mismo tiempo comenzaba Ciro y los Persas en el Norte, dijo con sarcasmo: “Para los que no nos conocen, nosotros somos Ciro y los Persas”. Revivió sus épocas más crudas con un rock salvaje, como Mick Jagger, previo a Babasónicos, y apareció como una especie de oficinista: “¿Qué hacen acá? Deberían estar trabajando”, lanzó, con guiño político incluido.
A partir de ahí, la nostalgia tomó protagonismo. Ciro repasó clásicos como “Desde lejos no se ve” y “Tan solo”, e invitó a Ricardo Mollo para “Morella”. Babasónicos, con “Yegua” y “Sin mi diablo”, trajeron una pausa elegante entre tanto pogo. La Vela Puerca sumó a Germán Daffunchio en “Para no verme más”.
Lali dejó en claro por qué es una de las artistas consagradas del país. Con una propuesta rock-pop intensa y eléctrica, interpretó canciones de su último álbum NO VAYAS A ATENDER CUANDO EL DEMONIO LLAMA (2025). Su vestuario —un vestido con recortes de críticas y comentarios en su contra, tanto de medios como de redes sociales— fue una declaración en sí misma. “Fanático” incluyó su ya icónica pose imitando al presidente argentino, y uno de los momentos más celebrados fue su versión de “Viejos vinagres”, de Sumo, marcando así su segunda participación en el festival.
Jóvenes Pordioseros, Viejas Locas por Fachi y Abel, yLos Caligaris —con el Piti Fernández como invitado— cerraron un primer día tan intenso como diverso, demostrando que en 14 hectáreas pueden convivir públicos y sonidos muy distintos al mismo tiempo.
Reviví la edición 2025
Lluvia, clásicos y el cierre de un ritual que atraviesa generaciones
El domingo llegó con nubes oscuras y viento fresco que arrasó al calor de la mañana. El diluvio era inminente; de otro modo, no sería Cosquín Rock. La primera sorpresa apareció en el Montaña: León Gieco, invitado itinerante durante toda la jornada, acompañó a Beats Modernos con “Los salieris de Charly” y “Yo no quiero volverme tan loco”. En ese mismo espacio continuó Gustavo Cordera, con fanáticos de La Bersuit que no cuestionaron su presencia en esta edición.
En el Norte, Gauchito Club recibió a Goyo, de Bándalos Chinos, antes de que la banda oriunda de Beccar hiciera bailar con “Vámonos de viaje” y “Demasiado”. Mientras tanto, Gieco recorría el predio: “Solo le pido a Dios” y “El ángel de la bicicleta” junto a Agarrate Catalina comenzaron a sonar cuando las primeras gotas aparecieron. Los pilotos de colores cubrieron los cuerpos, pero nadie se movió. Más tarde, Gieco se sumó a El Plan de la Mariposa en el Sur y, ya entrada la noche, a Trueno en el mismo escenario.
Fito Páez hizo salir el sol, de forma literal: las nubes se dispersaron y “11 Y 6” sonó con la misma magia de siempre. “Mariposa tecknicolor”, “El amor después del amor” y un guiño a Fabiana Cantilo emocionaron a cada persona presente.
Casi en simultáneo, Divididos sacudió el Sur. Los clásicos de Sumo —”La rubia tarada” y “Crua Chan”— volvieron a sonar en manos de Mollo y Arnedo, tal como en el ‘85. “El 38” y “Ala delta” reactivaron el pogo y confirmaron que la aplanadora del rock sigue intacta.
Unas horas después, Guasones pasó de un comienzo con menos público —debido a la fuerte convocatoria de Airbag en el Norte y Las Pastillas del Abuelo en el Montaña— a un cierre con el espacio colmado. “Reyes de la noche”, “Infierno blanco” y los primeros acordes de “Down” despertaron lo que quedaba de energía.
La lluvia finalmente cayó mientras Peces Raros y Caras Extrañas se preparaban. Nadie se inmutó: la lluvia también es parte del ritual.
El Cosquín Rock volvió a demostrar que puede ser muchas cosas al mismo tiempo: pogo y emoción, nostalgia y descubrimiento, calor y tormenta. El ritual se cerró. Y ya empezamos a contar los días para 2027.
