Baz: «Lo raro es el punto de partida para construir una identidad significativa»
Baz es modelo y cosplayer que en los últimos años se volvió una personalidad del ambiente musical de la ciudad de Córdoba. Se identifica con la cultura gótica lo que la llevó a trabajar de distintas formas con las bandas de la nueva escena de rock cordobés.

Entrevista: Santiago Mansilla
Alguna vez hablando con alguien de Buenos Aires mencionó que le resultaba curioso como en Córdoba «la gente se viste así» y no es un disfraz que se ponen para ver a las bandas ¿Que te llevó en principio de elegir mostrarte así?
Desde muy chica fui considerada una chica “rara”, una etiqueta que se intensificó durante el secundario, cuando empecé a usar delineador negro y a inclinarme por una estética más “masculina”. Con el tiempo entendí que ese señalamiento no hablaba tanto de mí, sino de lo que se espera socialmente de alguien que no encaja del todo en lo establecido.
Creo que el mayor catalizador de la persona que soy hoy fue la música. Es, sin exagerar, mi amor más pasional: no solo definió mis gustos, sino que transformó profundamente mi manera de ver el mundo, de sentir y de expresarme. A través de ella encontré un espacio de pertenencia y una identidad que no había podido construir en otros ámbitos.
Hoy me considero parte de la subcultura gótica, no sólo por su estética, sino por todo lo que la compone: su historia, su riqueza musical y, sobre todo, su forma particular de interpretar la vida. Me enseñó a encontrar belleza en lo oscuro, en lo tabú, en aquello que muchas veces es rechazado o incomprendido. Me dio herramientas para resignificar lo que antes me generaba inseguridad.
Durante mucho tiempo, mi mayor conflicto fue sentirme diferente a mis pares. Intenté adaptarme, incluso forzándome a encajar, aunque eso implicara dejar de lado mi comodidad o esconder lo que realmente me gustaba. Sin embargo, con los años comprendí que esa diferencia no era un defecto, sino una forma de autenticidad.
Hoy creo firmemente que no hay nada de malo en ser distinto. En un mundo que tiende a la homogeneización y a la represión de lo genuino, considero fundamental fomentar la creatividad, la expresión personal y la libertad de ser. Ser “raro” no es un problema: es, en muchos casos, el punto de partida para construir una identidad propia y significativa.
Hay un video que subiste con una lata de cerveza y cumbia de fondo, en él te mencionabas como una «gótica latina» ¿Que sería una gótica latina para vos, como conviven esas dos identidades?
La viralización de ese video fue algo muy gracioso dentro de mi vida. Pero también, los comentarios de odio que recibí — simplemente por bailar una cumbia — me hicieron dar cuenta de lo arruinada que tiene la percepción de las subculturas de la gente.
Con la masificación de las redes, las subculturas alternativas se volvieron más visibles, pero también más banales. Se generó una especie de idea rígida sobre lo que alguien “debería ser” para pertenecer: que si sos punk, gótico o emo, tenés que encajar en ciertos consumos culturales específicos, casi como una regla. Bajo esa lógica, parecería que no podemos disfrutar de los ritmos de nuestra propia tierra, como la cumbia, porque eso nos haría “posers”. Y ahí es donde creo que se pierde completamente el sentido original de estos movimientos.
Las subculturas alternativas, desde sus inicios, no nacieron para imponer normas nuevas, sino para cuestionarlas. Nunca se trató de cumplir con una estética cerrada ni de consumir únicamente cierto tipo de música para ser “true”, sino de resistir lo impuesto, de desafiar lo normativo y de encontrar una forma propia de expresión. En ese sentido, hablar de una “gótica latina” es, para mí, reconocer una identidad atravesada tanto por lo alternativo como por lo culturalmente propio. Porque, más allá de nuestros gustos personales, seguimos siendo parte de Latinoamérica: una región con una historia marcada por la colonización, por el eurocentrismo y por intentos constantes de borrar nuestra cultura local.
Y fuera de tanta seriedad, que ustedes sean unos aburridos sin vida propia, que no dejan disfrutar al resto un sábado a la noche, no significa que yo no me vaya a tomar una birra bailando Leo Matteoli.
Además de latina, vos en particular, tenes un ancla fuerte en lo local. Trabajaste como modelo con Doble Seda, maquillaje con Salas Velatorias y hace poco subiste al escenario con Rancixs Club por mencionar un par de ejemplos ¿Que encanto encontraste en la música de Córdoba?
Mudarme a Córdoba fue, sin duda, una de las mejores decisiones de mi vida. Haber crecido en el sur del país siendo una persona diferente fue una experiencia muy dura, marcada por el bullying, la incomprensión y una constante sensación de represión. Durante mucho tiempo sentí que no había espacio para mí, o al menos no uno donde pudiera ser yo misma sin tener que achicarme.
Nunca me voy a olvidar de la primera vez que vi a Harvassian en vivo, en aquella fecha icónica en Club Amapola junto a Lxs Muertxs, Salas Velatorias y Suspiro de Monja. El calor, el sudor, la gente pogueando, vestida como yo solo había visto en videos musicales… fue la primera vez que presencié algo así en carne propia. Hubo un clic inmediato en mi cabeza: era como estar parada frente al inicio de una etapa completamente nueva, mucho más real, muy lejos de la monotonía en la que sentía que estaba atrapada.
El under cordobés tiene una magia muy particular. No solo por la calidad y la identidad de los artistas locales, sino por algo mucho más profundo: el sentido de comunidad. Hay una energía de seguridad y complicidad que se percibe en el ambiente, algo que no siempre es fácil de encontrar en otros espacios. En un contexto donde lo diverso queda relegado o invisibilizado, estos lugares se vuelven fundamentales: no solo como espacios culturales, sino como redes de contención.
Hoy, muchas de mis amistades más cercanas nacieron en esas fechas. A partir de ahí, todo fue creciendo en cadena: conocí más personas, surgieron oportunidades, primeras experiencias laborales, proyectos compartidos. Le debo muchísimo a mis amigos, a quienes siguen apostando por sus ideas, que trabajan incansablemente para crear, incluso cuando la situación del país pone obstáculos constantemente. En un entorno económico y social complejo como el nuestro, sostener el arte independiente ya es, en sí mismo, un acto de resistencia que yo admiro muchísimo.
